jueves, 14 de octubre de 2010

Netanyahu felicitó a Piñera por el rescate de los mineros

PARÉNTESIS

Ni siquiera el primer ministro Biniamín Netanyahu podía quedarse al margen de las numerosas felicitaciones conferidas por todos los líderes del mundo al pueblo chileno.

La operación de rescate ha demostrado que Chile valora cada vida como una "inspiración" para el mundo, dijo Netanyahu al presidente chileno Sebastián Piñera en una conversación telefónica.

Netanyahu expresó que él y el pueblo de Israel saludan a los chilenos, al heroísmo de los mineros, y al sacrificio de los rescatistas. Durante la conversación Netanyahu invitó a Piñera a Israel para la firma de un tratado de libre comercio entre los dos países, en un futuro próximo.

La Oficina del Primer Ministro dijo que Piñera expresó que estaría encantado de visitar el país. "Queremos conocer sus maravillas tecnológicas y científicas", dijo el mandatario andino.

Mientras tanto, la ciudad de Copiapó se vistió de fiesta para celebrar con júbilo y estruendo el final feliz de una tragedia que mantuvo a 33 mineros sepultados a 700 metros de profundidad durante 70 días.

Alrededor de 3.000 personas se dieron cita en la céntrica Plaza de Armas de la localidad, a 45 kilómetros de la mina San José, para presenciar en una pantalla gigante los últimos instantes de esta historia, digna de un guión de cine.

"Esto que ha pasado en esta mina es algo inexplicable, parece que sea imposible y que estas cosas solo sucedan en las películas", señaló Doris Duran, quien iba acompañada por su pequeña hija de seis años.

El ascenso a la superficie del topógrafo Luis Urzúa, el último de los 33 mineros apresados en el yacimiento, desató la euforia en esta pequeña y apacible ciudad del norte chileno, poco acostumbrada a estos fastos.

"En Copiapó no solemos organizar fiestas así, ni cuando gana la Selección chilena. Lo que sucede es que hemos dejado salir la tensión acumulada durante más de dos meses", reconoció Joel Rupallán, un joven de 23 años.

La Plaza de Armas se tiñó de los colores de la bandera chilena y de los carteles con los retratos de los 33 obreros, considerados los "héroes del Bicentenario" de la independencia del país.

Las calles, en tanto, estallaron en una algarabía de bocinas, complementadas por alguna que otra vuvuzela de los ciudadanos de a pie.

Las actuaciones musicales en directo y el redoble de tambores de algunos grupos aislados reforzó la sensación de que superar el más longevo encierro subterráneo de la historia es un motivo más que suficiente para la juerga y el jolgorio.

Para Teresa Yáñez, una copiapina de sesenta años, estas semanas de angustia han sido como "vivir en una burbuja" debido a la gran expectación que se ha levantado entorno a su ciudad.

Asegura que en unos meses más Copiapó regresará al letargo al cual ella está acostumbrada. Sin embargo, en la memoria del mundo será recordado como el escenario del "milagro de los 33".

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